El modo parasimpático y el modo simpático

Cuando hablamos de los modos del sistema nervioso, recordaremos sus nombres: el parasimpático y el simpático.
El
simpático es cuando el sistema está en ALERTA porque se siente amenazado por algo, y el parasimpático es la posición opuesta: el modo relajado.

Es probable que en la escuela te los hayan enseñado como un
botón de encendido y apagado:
“Cuando nuestros ancestros veían un león, no podían pararse a razonar y activaban la respuesta de lucha o huida: correr o pelear”. Y por lo tanto, fuera de ese estado, todo lo demás es “parasimpático”.

Y aunque lo anterior es una
simplificación útil, es más sensato decir que en la práctica, funcionan como extremos de un espectro en el que el tu sistema nervioso va variando más hacia uno o el otro sin que eso implique tener que llegar al límite de alguno necesariamente.

Por ejemplo, no hace falta ser un monje meditando que alcanza el nirvana para estar más hacia la balanza del “modo parasimpático”, ni que una jauría de lobos esté rodeándote para inclinarte al “modo simpático”, ya que en la vida cotidiana, las diferentes situaciones pueden irte posicionando en cierto tramo del espectro.

También, la
reacción hacia una u otra situación dependerá de la experiencia que hayas tenido con ella previamente, o de las expectativas que has hecho.
Por ejemplo, sin necesidad de que sea un león, una cucaracha en la pared abriendo sus alas, o tener que dar un discurso en público, pueden ubicarte cerca del límite del espectro.

Ahora, lo más importante para este expediente es comenzar a intuir que no hace falta estar en el extremo del modo simpático para presentar consecuencias, incluyendo las que ya se mencionaron en otros expedientes por las que entraste.
Una activación no necesariamente tan intensa pero prolongada y sostenida de la vida cotidiana, puede ser suficiente para eso.

Estrés en el trabajo, preocupaciones económicas, conflictos con la familia, incluso la misma ansiedad sexual… te sostienen más lejos del extremo parasimpático.
Y allí es dónde la mayoría de los consejos comunes fallan: “Respira…”, “Medita…”, “Piensa positivo.” No porque sean inútiles (de hecho, incluiremos parte de estas prácticas), sino porque, basta con observar lo que hemos venido comentando:
No es solo la parte “psicológica”, sino su raíz biológica.

Optimizar la parte biológica es precisamente la que permitirá (entre otras cosas) que este tipo de técnicas funcionen con mayor facilidad, por lo que en el modo parasimpático influye tanto que tan altos son los niveles de cortisol y adrenalina, que tan acelerada es la transmisión de la dopamina, y/o que tan bajos están los de serotonina.

Técnicas de
relajación
(En investigación)